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Saturnino Herrán (1877 - 1918)

 

Considerado como uno de los renovadores del arte nacionalista en nuestro país, Saturnino Herrán nació en Aguascalientes el 9 de julio de 1887. Fue hijo del escritor y dramaturgo don José Herrán y Bolado y de doña Josefa Guinchard.

Realizó sus primeros estudios en Aguascalientes, en el Colegio de San Francisco Javier. Desde muy niño, se distinguió por su afición a las bellas artes, mundo al que le fue fácil introducirse, pues don José Herrán era dueño de la única biblioteca que entonces había en la ciudad, misma que era visitada por literatos y artistas.

 
En 1901 ingresó al Instituto de Ciencias de Aguascalientes, para realizar sus estudios de preparatoria. En el Instituto se encontró con sus amigos de infancia, Ramón López Velarde y Enrique Fernández Ledesma. Asimismo, fue condiscípulo de otros muchos, que más tarde se convertirían en grandes personalidades del mundo de las letras, como Pedro de Alba. Fue con estos tres literatos con quienes Saturnino conservó la amistad durante toda su vida. En el Instituto de Ciencias, Herrán continuó desarrollando sus dotes como dibujante, tomando como maestro a José Inés Tovilla, paisajista chiapaneco, quien se había radicado en Aguascalientes desde el siglo XIX y que impartía con gran entusiasmo sus clases de dibujo y pintura en varias escuelas de la época. Con Tovilla, Saturnino le toma particular preferencia a las copias al natural.

En 1903, la vida de Herrán tomaría un nuevo curso, debido al fallecimiento de su padre don José. Éste dejó a su familia en mala situación económica, razón por la cual emigraron a la ciudad de México a probar fortuna. Decidido a apoyar a su madre, Saturnino consigue un modesto empleo en las oficinas de Telégrafos Nacionales, al mismo tiempo que se inscribe en los cursos nocturnos de la Escuela de Bellas Artes. En 1904 ingresa formalmente a las clases superiores de dibujo –desnudo y modelo vestido- que impartía el maestro Antonio Fabrés en la prestigiada Academia de San Carlos.

Bajo las enseñanzas de Fabrés, Herrán se concentró en la labor del dibujo artístico, y rápidamente su habilidad y talento se hicieron del dominio público y le fueron ganando, además de simpatías, algunos apoyos de la escuela, lo que le permitió entregar más tiempo a sus estudios. La dedicación demostrada por Herrán lo llevó en 1905 a ser nombrado meritorio en la Inspección de Bellas Artes y Artes Industriales. Un año más tarde pasó a ser meritorio de la Inspección de la Enseñanza Musical y para 1907 lo encontramos realizando diversos trabajos como dibujante del Museo Nacional.

En 1908 comenzaría lo que los especialistas han denominado la etapa de “consolidación profesional de Saturnino Herrán”, la cual comprende hasta 1911. En este período se advierte la notable influencia de su maestro Germán Gedovius quien, afirma Fausto Ramírez, transmitió a Herran “el gusto por una materia pictórica densa y rica, trabajada con una soltura y un brío neobarrocos”. “Labor”, firmada en 1908, es la obra que en rigor marca el arranque de la producción pictórica de Saturnino Herrán. De acuerdo con Fausto Ramírez, todo lo anterior fue un ejercicio preparatorio que había de culminar en ese lienzo monumental. Desde esta fecha, la obra de Saturnino Herrán se caracterizaría por su particular énfasis en la clase obrera y la vejez, resaltando meticulosamente el desarrollo de las formas humanas, especialmente los rostros contrastantes de jóvenes y viejos.

En 1909 Herrán es nombrado profesor interino de dibujo en la Academia de Bellas Artes. En ese año el pintor encaminó sus trabajos a ilustrar una versión un tanto diferente del trabajador, realizando entre otros cuadros “Molino de vidrio”, “Vendedoras de ollas” y su extraordinario tríptico “La leyenda de los volcanes”. En esta última obra, Herrán plasma toda la ambición de su etapa inicial. Con libertad y audacia pinta el desnudo total de la modelo, haciendo uso de los atributos que habían ido ganando a pulso los modernistas en la hermética sociedad de principios de siglo.

A pesar de la inestabilidad política y económica provocada por la revolución de 1910, Herrán continuó trabajando, casi en la clandestinidad y el anonimato. Para 1914 el pintor contrae matrimonio con Rosario Arellano, de quien tendría un hijo de nombre José Francisco. En esta época el pintor se encuentra en la mejor etapa de su producción. Fausto Ramírez, profundo conocedor de la obra de Herrán, describe así este periodo: “fascinado como todos los modernistas por el decaimiento corporal, Herrán estudió y trabajó con singular ahínco las fláccidas carnes de los viejos, trasmutándoles en prodigiosos poemas de la línea y el claroscuro”. En 1915 la Escuela Nacional de Bellas Artes lo nombra profesor titular de la cátedra de dibujo al desnudo, al tiempo que imparte clases de dibujo como maestro titular de la Escuela Nacional de Maestros. Ambos compromisos eran cumplidos por Herrán sin descuidar su producción personal, ya que de ese año datan sus cuadros “Herlinda” y su colección de “Criollas”. Además, trabaja arduamente en una de sus obras monumentales, el friso “Nuestros dioses” que firmaría al año siguiente.

Los estudiosos del arte mexicano han calificado la obra de Saturnino Herrán como “modernista-costumbrista”. Esto quiere decir que, a diferencia de la mayoría de los pintores de la época, Herrán adoptó como tema de sus obras las costumbres cotidianas del pueblo de México. Así, gracias a su dominio de la técnica y a su capacidad para reflejar diversos estados de ánimo, Herrán pudo describir de forma novedosa las tradiciones y formas de vida de grupos y personas que hasta entonces habían sido ignorados por los diversos pintores y corrientes artísticas del periodo.

A pesar de lo prematuro de su muerte –ocurrida en un hospital de la ciudad de México el 8 de octubre de 1918— Saturnino Herrán ha llegado a ser considerado como precursor del muralismo mexicano y fuente de inspiración constante para la Escuela Mexicana de Pintura.

Fuente:
- Appendini, Guadalupe, Aguascalientes. 46 personajes en su historia , México, Gobierno del Estado de Aguascalientes, 1992.
- Manuel Toussaint, Saturnino Herrán y su obra , México, Gobierno del Estado de Aguascalientes, 1990.

 

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