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El cultivo de Alfalfa y su Tecnología de manejo |
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Folleto para Productores Núm. 22 |
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Jesús Ma. ESPINOZA
CALZADA
M.C. Investigador del Programa
de Forrajes. Campo Experimental Pabellón. CIRNOC-INIFAP.
José Luis RAMOS
GONZALEZ
Ing. Investigador del Programa
de Forrajes. Campo Experimental Pabellón. CIRNOC-INIFAP.
Introducción
En la región templada
y semiárida de México, donde se dispone de riego, el cultivo
de la alfalfa tiene importancia acentuada, ya que es un forraje que apoya
en gran medida la alimentación básica del ganado bovino productor
de leche.
En las condiciones actuales
de los sistemas de producción agropecuaria y la disponibilidad de
equipo para la cosecha de forrajes, no es posible considerar alguna especie
con las características nutritivas como las tiene la alfalfa; sin
embargo, es notorio el manejo empírico del cultivo por parte de
los productores, lo cual reduce la productividad, calidad del forraje y
longevidad del alfalfar.
En la presente publicación
se describe la tecnología generada por el Campo Experimental Pabellón
para el establecimiento, uso y manejo del cultivo de la alfalfa, como un
apoyo al productor de la región Centro de México.
La alfalfa es una especie
forrajera que se adapta a una gran variedad de suelos; sin embargo, prefiere
los de textura media, profundos y con buen drenaje. Cuando el suelo no
tiene estas características la planta no puede expresar todo su
potencial de rendimiento.
En terrenos muy pesados o
arcillosos, siempre existe el peligro de perder el cultivo durante la etapa
de establecimiento, debido a la formación de costras sólidas
que retienen la emergencia de las plántulas. Además, el suelo
compactado bajo condiciones de extremada sequía, dificulta la respiración
de las raíces y pone en riesgo la vida de la planta.
Cuando existen encharcamientos
por períodos prolongados, las raíces mueren lentamente por
asfixia, lo cual puede evitarse con un buen trazo de riego que permita
una distribución uniforme del agua en el terreno. Paralelamente
los excesos de humedad traen consigo la acumulación de sales en
los horizontes superiores del suelo.
La alfalfa es medianamente
tolerante a la salinidad del suelo, sin embargo, en la etapa de nacencia
presenta menos tolerancia a ella. La persistencia de sales y encharcamientos
limitan el desarrollo de la planta y provocan la muerte gradual de la misma.
La alfalfa prefiere los suelos
profundos, donde encuentra espacios suficientes para extender y desarrollar
sus abundantes raíces. Se ha determinado que la profundidad del
suelo tiene un efecto directo sobre el rendimiento de esta especie forrajera.
En el Cuadro 1 se observa que en los suelos más profundos la alfalfa
expresa mayor potencial de producción. De esta forma, para lograr
buenas producciones, se deben seleccionar suelos de profundidad igual o
superior a 40 centímetros.
CUADRO 1. COMPORTAMIENTO
DE LA PRODUCCION DE ALFALFA, DE ACUERDO CON LA PROFUNDIDAD DEL SUELO.
La preparación adecuada
del terreno es determinante para lograr altos rendimientos del cultivo
durante varios años. En esta labor se debe considerar:
Subsoleo. Esta labor
consiste en romper las capas más profundas del suelo, con el objetivo
de mejorar las condiciones de drenaje y aumentar la capacidad de almacenamiento
del agua.
Barbecho. Sirve para
romper y aflojar el suelo, enterrar residuos de la cosecha anterior y eliminar
parcialmente las plagas del suelo. Se sugiere hacer esta labor a una profundidad
entre los 30 a 35 centímetros.
Rastreo. Después
del barbecho, es necesario dar uno o dos pasos de rastra para romper los
terrones y mullir el suelo; con esto, se puede obtener una cama que facilite
la nacencia de la planta.
Nivelación.
Cuando el terreno destinado a la siembra de alfalfa no sea plano, es conveniente
realizar la nivelación para distribuir mejor el agua de riego y
la de lluvia. La nivelación evita encharcamientos que provocan la
asfixia de las raíces y la incidencia de enfermedades.
Surcado de presiembra.Cuando
se dispone del método de riego conocido como "agua rodada" es necesario
surcar el terreno para aplicar el riego de presiembra. En caso de utilizar
sistemas presurizados de riego se omite este surcado.
Se advierte que si se siembra
y después se surca, es probable que, por endurecimiento del suelo,
se pierda hasta el 90 por ciento de la semilla.
Las variedades de alfalfa
recomendadas para la región templada y semiárida de México
fueron seleccionadas por su alto rendimiento, longevidad y calidad de forraje;
además, éstas tienen un nivel de dormancia entre 8 y 9*;
o sea, son capaces de producir en el invierno y, por ello, hacen más
redituable el suministro del agua de riego.
Se sugiere sembrar las variedades
Cuf 101, El Camino, SW-14, Excelente, NK 819, Mesa Sirsa, Suprema, Cóndor,
Atoyac, San Miguelito y Moapa 69, las cuales con el paquete tecnológico
que se describe en esta publicación, tienen un potencial de producción
entre 100 a 110 toneladas de forraje verde por hectárea al año,
que equivalen aproximadamente a 22 toneladas por hectárea de forraje
seco de buena calidad, con un promedio de 10 cortes por año.
Fecha de siembra.
La alfalfa puede ser sembrada en cualquier época del año,
pero es recomendable establecerla en el otoño e invierno, es decir,
del 15 de octubre al 15 de febrero. En este período los problemas
por maleza se reducen, debido a la presencia de temperaturas bajas.
En la etapa de emergencia,
la alfalfa es muy tolerante a las bajas temperaturas, siempre y cuando
exista suficiente humedad en el suelo.
Método de siembra.
Si se dispone de riego rodado y el cultivo será utilizado para corte,
se recomienda realizar la siembra con sembradora de granos pequeños
"Brillon" bajo el siguiente procedimiento:
Surcar.
Esta acción es con el fin de hacer una distribución uniforme
del agua de riego y facilitar la cosecha.
Sembrar.
Con la utilización de este tipo de sembradora la distribución
de la semilla y su profundidad es uniforme, lo cual favorece la emergencia
de la planta.
Pisonear surcos.
Inmediatamente después de sembrar o simultáneamente con la
siembra se recomienda pisonear los caños de los surcos con un paso
del rodado del tractor, con la finalidad de "marcar" bien los surcos y
evitar problemas en la conducción del agua de riego.
Si la alfalfa va ser utilizada
para pastoreo directo, o bien, para corte manual con guadaña, se
recomienda que se establezca en melgas, sembrada al voleo o con sembradora
de granos pequeños. Cabe señalar que la construcción
de las melgas se debe realizar antes de la siembra.
El método de siembra
en melgas ayuda a economizar agua en el riego; sin embargo, los bordos
de la melga dificultan la cosecha mecánica.
Cuando se dispone de un sistema
de riego por aspersión, se recomienda sembrar al voleo o con sembradora
de granos pequeños, como la del tipo "Brillon", sin importar el
uso del alfalfar, ya sea para corte o pastoreo directo.
En un cultivo de alfalfa,
el costo de la semilla equivale al 50 por ciento del costo total de establecimiento,
por lo que es importante seleccionar la variedad y usar la cantidad de
semilla adecuadas.
Cuando el terreno está
bien preparado, se requieren de 30 a 35 kilogramos de semilla por hectárea.
La densidad inicial de plantas de alfalfa depende de la proporción
de semilla viable y tiene efecto a largo plazo sobre la vida productiva
del cultivo. Cabe señalar que si se usa una cantidad de semilla
mayor a la recomendada no se aumentan los rendimientos por hectárea,
pero si se elevan los costos de establecimiento del cultivo.
El hecho de que la planta
de alfalfa fije nitrógeno en el suelo, en ocasiones es un proceso
mal interpretado y es común que se piense que si la alfalfa aumenta
los elementos nutritivos del suelo, no precisa de ninguno de ellos, por
lo que algunos productores no fertilizan o fertilizan escasamente.
Se sugiere que al momento
de la siembra se utilicen 40 kilogramos de nitrógeno y 90 de fósforo
por hectárea. En la etapa de producción, es conveniente fertilizar
cada seis meses con 90 kilogramos de fósforo por hectárea.
En este cultivo no es recomendable
la aplicación de nitrógeno en la etapa de producción,
debido a que la semilla inoculada con bacterias del género Rhizobium
forman nodulaciones, por medio de las cuales, la planta se podrá
autoabastecer de nitrógeno. Por el contrario, las aplicaciones nitrogenadas,
sólo favorecen el crecimiento de maleza y de pastos invasores del
cultivo, lo cual se traduce en una competencia de plantas indeseables provocada
por este manejo del cultivo.
Para lograr mayor eficiencia
en el uso del agua, se sugiere aplicar los riegos de acuerdo al siguiente
calendario:
El riego de germinación
debe ser ligero y aplicarse lentamente para evitar el arrastre de la semilla;
diez días después, se debe aplicar un riego ligero para lograr
la germinación uniforme.
En los riegos posteriores,
se pueden manejar volúmenes más grandes de agua; sin embargo,
siempre deben evitarse encharcamientos prolongados.
En general, después
de los riegos de germinación y nacencia, se aplican otros tres riegos
en períodos de 15 a 20 días, antes del primer corte. Posteriormente,
se aplican dos riegos entre cortes; el primero inmediatamente después
del corte y el segundo, 15 días después.
Cuando las temperaturas son
elevadas, las láminas de riego deben ser bajas con aplicaciones
frecuentes para evitar la aparición de enfermedades de la raíz.
En el cultivo de alfalfa
destinada a la producción de forraje, las plagas más comunes
que afectan a la planta son los áfidos (pulgón verde y pulgón
manchado) y el gusano soldado; sin embargo, su control químico no
es recomendable, ya que al suministrar forraje con insecticidas se corre
el riesgo de intoxicación del ganado.
Una medida práctica
para el control de las plagas mencionadas consiste en realizar cortes prematuros,
debido a que así se reduce su proliferación.
La presencia de maleza dentro
de un cultivo de alfalfa es un factor determinante en la obtención
de rendimientos bajos y forraje de mala calidad, por lo que se sugiere
controlar la maleza inclusive desde el momento del establecimiento del
alfalfar y mantener vigoroso el cultivo durante su etapa productiva.
Existen varios métodos
para reducir la incidencia de la maleza en el terreno y, para lograrlo,
pueden conjugarse las siguientes prácticas: preparación adecuada
del terreno, uso eficiente del agua de riego, realizar la cosecha en la
etapa de madurez y altura de corte adecuadas, usar herbicidas en presiembra
y en el cultivo ya establecido.
Dentro de las condiciones
que favorecen la presencia de maleza se encuentran:
a) Cuando un alfalfar está
en plena producción y no se fertiliza y riega adecuadamente.
b) Cuando los cortes son
muy irregulares en la etapa de madurez.
c) Cuando la altura de corte
es muy irregular, el cultivo se expone a una fuerte invasión de
maleza perenne. En ese momento es necesario realizar el control químico.
Para el control efectivo
de la maleza de la alfalfa, se pueden emplear los herbicidas: Pivot, Poast
Plus, Goal, Eptam (EPTC), Balam, Buctril y Butyrac. Para su aplicación
se recomienda seguir las recomendaciones marcadas en las etiquetas de cada
producto.
Las enfermedades de la alfalfa
causan deterioro y muerte de las plantas y generan pérdidas económicas;
sin embargo, su ocurrencia y severidad depende principalmente de las condiciones
ambientales, del tipo de suelo y del manejo que se de al cultivo.
Desde el punto de vista económico
existen pocas opciones para el control de enfermedades, por lo tanto, es
recomendable seleccionar variedades resistentes a los patógenos.
Entre las principales enfermedades
foliares que ocasionan pérdidas en el rendimiento de forraje están
la peca de la alfalfa y mildiu velloso, las cuales se describen a continuación:
Peca de la alfalfa.
Se presenta en la mayoría de las regiones alfalferas de México,
especialmente durante la época de lluvias y cuando prevalecen períodos
húmedos frescos. Sus síntomas se observan en las hojas de
los dos primeros tercios de la planta, donde aparecen pequeñas manchas
circulares de color castaño, las cuales pueden provocar la caída
de las hojas cuando su ataque es muy intenso.
Si la peca reduce considerablemente
el número de hojas, el rendimiento y la calidad de forraje disminuyen,
debido a que las hojas de las alfalfa constituyen la parte más nutritiva
de la planta.
Una práctica recomendable
para el control de la peca, es cortar la alfalfa prematuramente durante
la época de lluvias, con el fin de conservar las hojas y el valor
nutricional del forraje.
Mildiu velloso. Este
hongo se presenta durante la época de lluvias, principalmente en
los terrenos donde la planta permanece húmeda por mucho tiempo.
En las hojas infestadas por esta enfermedad se observan manchas de color
gris claro sobre los tejidos, los cuales se tornan de un color rojizo cuando
el ataque es muy fuerte. Las hojas llegan a presentar clorosis, se arrugan
y en ocasiones mueren y finalmente se desprenden de la planta.
Al igual que para la peca,
no existen medidas preventivas eficaces para el control del mildiu, por
lo que el corte prematuro de la alfalfa, es la práctica más
común para conservar las hojas.
Pudrición de la
raíz. Es una enfermedad causada por un hongo que invade los
tejidos de la raíz y el tallo. Con su ataque provoca problemas de
absorción y transporte de agua y nutrimientos. Las plantas infectadas
reducen su desarrollo, su follaje toma una coloración verde amarillenta,
las hojas se marchitan y finalmente la planta muere.
Para prevenir y controlar
al hongo se recomienda nivelar el terreno antes de sembrar con el objetivo
de evitar en lo posible el exceso de humedad cuando se aplica el riego.
Marchitez. La marchitez
ocurre por lo general en terrenos cuyo drenaje es deficiente o donde existen
encharcamientos. Con su ataque el follaje adquiere una tonalidad amarillenta,
formándose en algunas partes una coloración rojiza. A consecuencia
del daño, la planta tiene un desarrollo raquítico y llega
a morir.
En las raíces se observan
lesiones hundidas de tamaño variable, al principio de color amarillo
y posteriormente se tornan de color café obscuro con los márgenes
amarillentos. Estas lesiones se pueden localizar en cualquier parte de
la raíz.
El hongo de esta enfermedad
permanece en el suelo dentro de las raíces infectadas y, cuando
se presentan condiciones favorables para su desarrollo (exceso de agua
en el suelo), produce esporangios o estructuras fructíferas, de
las cuales salen las esporas que se desplazan a través del agua
e infectan a otras plantas.
La transmisión de
la enfermedad puede ocurrir principalmente por el acarreo del hongo a través
del agua de riego, herramientas y maquinaria de labranza.
Para controlar la marchitez
se deben evitar los excesos de agua en el suelo, para lo cual se recomienda
nivelar perfectamente el terreno antes de establecer el alfalfar, o bien,
seleccionar variedades resistentes a la marchitez. Así mismo, la
rotación de cultivos de gramíneas, como maíz, avena,
sorgo y trigo puede reducir la incidencia de esta enfermedad.
Marchitez bacteriana o
"escoba de bruja". Esta bacteria penetra en las raíces de la
alfalfa por heridas y lesiones naturales de los tejidos de la corona.
Los síntomas característicos
aparecen casi siempre al segundo año de establecido el alfalfar.
Inicialmente se observa una reducción en el vigor de las plantas,
las hojas se tornan amarillas, se blanquean y mueren a fines del verano.
En las plantas afectadas, las hojas son más pequeñas y se
engrosan antes de perder su coloración natural, los tallos son más
pequeños y numerosos y presentan una apariencia de escoba.
Al analizar la raíz
principal de una planta enferma, muestra una coloración castaño
pálida en el tejido leñoso y, si se corta en secciones transversales,
se observarán unos anillos café-amarillentos, precisamente
bajo los tejidos de la base de la corona de la planta.
El control de la enfermedad
se logra mediante el manejo adecuado del cultivo durante la cosecha, evitando
al máximo el pisoteo excesivo, ya que éste ocasiona lesiones
en los tejidos de la base de la corona, dando margen a que aparezca la
enfermedad. Además deben evitarse los riegos muy pesados.
El control químico
de la enfermedad puede efectuarse con la aplicación de terramicina
agrícola y fertilizante foliar que estimule el desarrollo uniforme
de los rebrotes afectados por la enfermedad.
Pudrición de la
base. Se presenta en aquellos alfalfares cuyo drenaje es deficiente.
En estos sitios se puede observar la pudrición de la base de los
tallos que trae como consecuencia el secamiento y la muerte de todo el
follaje.
Los daños más
fuertes se registran durante el período de lluvias, cuando hay exceso
de humedad en la base de los tallos y la temperatura es de 23 a 26 grados
centígrados durante el día.
Como medida preventiva para
esta enfermedad se sugiere nivelar perfectamente el terreno para evitar
encharcamientos excesos de humedad. Igual que para la marchitez bacteriana,
el control químico de esta enfermedad se realiza con terramicina
agrícola y fertilizante foliar.
Pudrición texana.
Esta enfermedad es frecuente en suelos alcalinos y arenosos, característicos
de la región Norte Centro de México. Los síntomas
se observan como un amarillamiento de las puntas de los tallos de los rebrotes
y el secamiento posterior de la planta. La raíz presenta una pudrición
negra con filamentos blanquecinos sobre su corteza al nivel del suelo;
además, cerca de las plantas muertas aparecen masas de esporas del
hongo.
Para su control se sugiere
hacer rotación de cultivos de gramíneas al menos por tres
años. Además es recomendable reducir el pH de los suelos
por medio de la aplicación de ácidos húmicos, aplicar
terramicina agrícola y fertilizante foliar que estimule los rebrotes
de las plantas afectadas por la enfermedad.
Las actividades fundamentales
de la cosecha del forraje de alfalfa que requieren especial cuidado son
corte, juntado (alomillado o achorizado) y empacado.
Corte.
Se recomienda cortar la alfalfa cuando tenga entre un 5 a 10 por ciento
de floración o cuando los rebrotes nuevos tengan un tamaño
entre los 5 a 7 centímetros.
En el Cuadro 2, se menciona
el efecto que se produce en el cultivo de la alfalfa, de acuerdo con el
estado de madurez que presenten las plantas.
CUADRO 2. EFECTO DE LA
ETAPA DE CORTE EN EL CULTIVO DE ALFALFA.
Estado
de madurez Inicio de floración
50% de floración
100% de floración 30-40
20-29
< 30 16-19
13-15
< 13 30-35
36-40
> 40 40-45
46-50
> 50 124-140
101-123
< 100 63
61
59 2.2
2.2
2.1 Para lograr la máxima
calidad y rendimiento se sugiere realizar los cortes cada 25 a 28 días
en primavera y verano; en el otoño cada 30 a 35 días y en
invierno cada 40 a 45 días.
El número de días
entre cortes depende de la luz solar, período en el cual la planta
debe alcanzar una madurez óptima de cosecha y almacenar reservas
de recuperación para un siguiente corte, de acuerdo a cada estación
del año, dando como resultado una mayor longevidad en el cultivo.
La alfalfa se debe cortar
entre los 5 a 7 centímetros sobre la superficie del suelo, ya que
a esa altura no se daña la corona de la planta ni los rebrotes,
los cuales serán el forraje del siguiente corte.
Juntado (alomillado
o achorizado). Para
lograr el éxito en el juntado del forraje, se sugiere hacer esta
actividad cuando el forraje tiene aproximadamente un 20 por ciento de humedad,
y una vez junto, se sugiere dejarlo asolear un día más, hasta
que alcance alrededor del 16 a 18 por ciento de humedad.
La forma y el momento del
juntado determinan la calidad del forraje. Cuando se va e empacar es recomendable
no juntar cuando esté muy seco porque se le caen las hojas, ni muy
húmedo porque se "foguea" y se pudre.
Empacado. Es
la acción final del proceso de cosecha. Para lograr un buen empaque
y obtener forraje de alta calidad, es importante sincronizar las actividades
de juntado y empacado, de tal forma que la alfalfa sea manejada con un
contenido de humedad entre el 16 al 18 por ciento para evitar la caída
de las hojas por el golpeteo de la empacadora.
Selección
del terreno
Preparación
del terreno
Variedades
Siembra
Densidad
de siembra
Fertilización
Riegos
Plagas
Control
de maleza
Enfermedades
Enfermedades foliares
Enfermedades de la raíz
Enfermedades de la corona
Cosecha
Personal investigador
A continuación se describen
las labores que requiere el terreno para la siembra de alfalfa.
(%)
(%)
(%)
(%)
(%)
(%)
ton de MS/ha
Botón
Para mayor información,
acuda personalmente,
escriba o llame
al
Tel: 01 (495)
8-01-67 y
Fax: 01 (495)
8-01-86
de Pabellón
de Arteaga, Ags.,
para que los
técnicos del CEPAB lo atiendan
como Usted se
merece.
CAMPO EXPERIMENTAL
PABELLON
Kilómetro
32.5 Carretera Aguascalientes-Zacatecas
Apartado Postal
No. 20
C.P. 20660
Pabellón
de Arteaga, Ags.
Ing. Fernando Lucio Ortiz
............................................Director de Coordinación
y Vinculación
M.C. Esteban Salvador Osuna
Ceja .......................................
Jefe de Operación
PERSONAL INVESTIGADOR
M.C. Raúl Narváez
Flores ......................................................
Area Forestal
Ing. Francisco Javier Robles
Escobedo ..................Difusión Técnica Dr. Ernesto Martínez Meza
............................................................................................
Ecosistemas Desérticos
M.C. Ernesto González
Gaona ...............................................Entomología
Dr. José Saúl
Padilla Ramírez ................................................Fisiología de Cultivos
Dr. Rodolfo Velásquez
Valle ...................................................Fitopatología
M.C. Jesús Ma. Espinoza
Calzada .........................................Forrajes
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Díaz ...............................................Forrajes
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González .............................................Forrajes
M.C. Francisco Gutiérrez
Acosta ...........................................Frutales
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Macías Valdez ............................................Hortalizas
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..................................Ingeniería
y Mecanización Agrícola
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Comestibles
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Bautista ................................................Maíz
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de la Cruz ....................................Maíz
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Villagrana ........................................Matemáticas
Aplicadas
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Castañeda ......................................Nutrición Animal
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González .............................................Predicción de Cosechas
Dr. Mario Tiscareño
López .....................................................Predicción de Cosechas
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Socioeconomía
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Viticultura